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viernes, 27 de febrero de 2009

El fenómeno de las migraciones, afecta a Comunidades autónomas, en España


Por Martha Clemencia González
Desde España, especial para bersoa.com/


En un verdadero quebradero de cabeza se ha convertido para los residentes en las islas canarias (España), la llegada incesante de cayucos provenientes de África.

A miles se cuentan ya los hombres, mujeres y niños que viajan en condiciones literalmente infrahumanas en una travesía que puede costarles la vida y que de hecho lo hizo ya para 43 personas en lo que va corrido del presente año.

La solución al problema, según el partido de la oposición en España, se encuentra en la reforma sustancial de la política de extranjería del gobierno comandado actualmente por el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero (grafica de abajo). Los militantes del PP, consideran que el gobierno central, no sólo ha desatendido claramente a la comunidad autónoma de Canarias y a sus costas a fin de proveerlas de los sistemas de vigilancia necesarios para evitar el abordaje constante de estos cayucos, sino que además, no ha existido la solidaridad que obliga la llegada de tantas personas en busca de la ayuda de un país vecino y amigo, ya sea para quedarse aquí o para seguir el camino hacia otras naciones de Europa.

Entre tanto, el Gobierno de España, afirma que se trabaja desde todos los ángulos que requiere el problema y que incluso se ha dispuesto de mejores medios para la detección de las embarcaciones, al referirse en concreto al SIVE (Sistema Integral de Vigilancia Exterior), con lo cual se pueden movilizar más rápida y oportunamente las embarcaciones de control y salvamento marítimo. Sin embargo, representantes del Partido de Gobierno en Canarias, han dicho que es obvio que este Sistema con toda su modernidad, logra detectar las embarcaciones, pero no evitar que el éxodo de personas de África hacia Europa tomando la vía de las Islas Canarias, siga ocurriendo y que es errado pensar que falla el sistema por esta circunstancia. "La gente muere en estas pateras por las condiciones atípicas y en todo caso latísimamente peligrosas en las que se embarcan…viajan muchas veces, sin comida, sin abrigo, sin protección de ningún tipo…viajan personas enfermas o muy decaídas físicamente, lo cual agrava absolutamente la situación, conduciendo a los desenlaces fatales que registran todos los días las noticias sobre el tema", señalan los miembros del gobierno en esta zona del país.

"El problema no es sólo de Canarias, sino de todas las 17 Comunidades autónomas españolas y ello implica un compromiso de acogida, de atención e incluso de retorno para los que llegan bajo estas condiciones de ilegalidad". En esta frase se resume el clamor de las gentes de las islas Canarias y particularmente de Tenerife, en donde la llegada de inmigrantes en pateras o cayucos es considerablemente más alta que en el resto de las islas.

La cara más dramática de esta situación, es la de los menores que en muchas oportunidades son puestos por sus propios padres dentro de las pateras, para que sean ellos (los niños) los que viajen a buscar un destino nuevo en España o Europa y se encarguen así de mejorar, a través de su trabajo, las condiciones de vida de su familia en África.

Es por esta razón, que cuando estos niños (los últimos ocho de entre nueve y once años de edad) son recibidos y puestos bajo la custodia del gobierno de España y por lo tanto inmersos en los estándares educativos y de inserción a la sociedad, se evidencia la preferencia de los menores por encontrar rápidamente un trabajo con el que puedan mantener a sus familias, sin elegir, en ninguno de los casos, la vía educativa ya sea del nivel primario o secundario. Es obvio que bajo ningún concepto estos menores, mientras lo sean, serán admitidos para trabajar y por lo tanto, la ingenuidad bajo la que actuaron sus propios padres al ponerlos en los cayucos y arriesgar la vida de sus hijos en ese intento desesperado por mejorar sus condiciones de vida, tiene ya el fracaso como resultado asegurado. La pena es que aún así, luego serán los tíos de estos niños, o los vecinos, o los parientes de otros poblados y así sucesivamente, mucha gente que por infortunio de su falta de conocimiento son engañados, normalmente, por mafias que se dedican a prometer el oro y el moro a quienes a cambio de sus ahorros, aceptan embarcarse en un viaje hacia lo verdaderamente desconocido.

Mientras tanto, lo mínimo que esperan los españoles, es que este drama no se convierta en un caballito de batalla más para los políticos y que de una vez por todas logren acuerdos significativos que otorguen las ayudas dentro de los propios países de origen de estos inmigrantes para erradicar esta falacia del viaje fantástico.
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