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sábado, 16 de mayo de 2009

Larga peregrinación por tierra santa realizó Benedicto XVI

El Papa Benedicto XVI besa la Piedra de la Unción, donde se cree que el cuerpo de Jesucristo fue lavado después de su crucifixión, en la Iglesia del Santo Sepulcro en la ciudad de Jerusalén. Foto: AFP

El papa Benedicto XVI concluyó este viernes una peregrinación de ocho días a Tierra Santa durante la cual defendió con fuerza la creación de un Estado palestino, intentó sanar heridas con los judíos y reclamó en numerosas ocasiones la paz para el Medio Oriente.

En el avión de vuelta a Roma, que aterrizó a primera hora de la tarde en el aeropuerto de Ciampanino, el Papa declaró a la prensa que había osbervado un "profundo deseo de paz de parte de cada uno" en Oriente Medio.

"Existen grandes dificultades, lo sabemos, lo hemos visto, lo hemos oído, pero también he visto que hay un gran deseo de paz de parte de cada uno", añadió.

El Papa pidió durante su viaje la reconciliación entre palestinos e israelíes y en forma clara y sin titubeos la creación de "dos Estados" como única salida al conflicto israelo-palestino, durante el viaje más político de los 12 que ha realizado en cuatro años de pontificado, que comenzó en Jordania, y siguió en Israel y Cisjordania.

"Que la solución de dos Estados sea una realidad, que no sea un sueño", reclamó el Papa al despedirse del presidente israelí Shimon Peres y del primer ministro Benjamin Netanyahu, firme opositor de esa opción, este viernes en el aeropuerto Ben Gurión en Tel Aviv.

El Sumo Pontífice, que acababa de visitar el lugar donde Cristo nació y fue sepultado, reiteró, como "amigo de palestinos e israelíes", su pedido de una solución negociada.

"Apelo a todos los pueblos de estas tierras para que no se derrame más sangre: ¡No más combates, no más terrorismo, no más guerra!", clamó el Papa.

"Que se reconozca universalmente el derecho de existencia del Estado de Israel, para que viva en paz y seguro dentro de fronteras internacionalmente aceptadas", agregó.

Peres por su parte invitó al Papa a "ayudarlo a despojar al terrorismo de su coartada religiosa" , mientras la víspera Netanyahu le había solicitado que "denunciara con fuerza las amenazas de Irán de destruir Israel".

Benedicto XVI tuvo palabras de acercamiento con las otras religiones, en particular los musulmanes, e hizo un llamamiento a la unidad de los cristianos ante el patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III.

Su conmovedora visita a un campo de refugiados palestinos, a las puertas de Belén, en Cisjordania, durante la cual denunció el embargo israelí contra Gaza así como el "trágico" muro de separación construido por Israel, cerca del cual se encontraba, fue uno de los momentos más emotivos de su viaje.

La visita del pontífice, de origen alemán, generó también polémicas entre los judíos, que consideraron su discurso pronunciado en el Memorial Yad Vashem, que recuerda a los seis millones de judíos que murieron en el genocidio nazi, como demasiado tímido.

"Tantos judíos (...) fueron exterminados brutalmente por un régimen sin Dios que propagó una ideología antisemita y de odio. Ese capítulo espantoso de la historia no debe ser jamás olvidado ni negado", repitió durante la ceremonia de despedida en el aeropuerto.

El papa reiteró así claramente su condena para no dejar lugar a dudas, después de que la prensa israelí afirmara que había sido miembro de las Juventudes Hitlerianas, lo que fue oficialmente desmentido por el Vaticano.

El Papa recordó su visita al Memorial como "uno de los momentos más solemnes" de su estadía de cinco días en Israel y la comparó con aquella que realizó hace tres años al campo de exterminio de Auschwitz.

Después de la visita al museo, la prensa israelí y varios dirigentes políticos, inclusive el presidente del Parlamento, consideraron insuficientes y tímidas las palabras del Papa sobre el Holocausto.

Las complejas relaciones entre la iglesia católica e Israel se habían tensionado en los últimos meses por la decisión del Vaticano de apoyar la canonización del controvertido papa Pío XII, acusado de mantener el silencio frente al exterminio de millones de judíos, y por el levantamiento de la excomunión en enero a un obispo integrista británico que niega la existencia del Holocausto.

Benedicto XVI, que se descalzó en Jerusalén en la Mezquita de la Roca -uno de los sitios más sagrados del Islam- y estrechó las manos de sobrevivientes del Holocausto, colocó un mensaje en el Muro de Lamentaciones y se reunió con los dos grandes rabinos de Jerusalén.

"Simbólicamente tuvo gestos eficaces, aunque las palabras se le quedaron cortas", comentó a la AFP John Allen, autor de varios libros sobre el Vaticano y corresponsal del National Catholic Report.
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